La experiencia ACER, o la posibilidad de trabajar este curso 2010-2011 con alumnado de 2º de ESO en el aula con portátiles para cada uno de ellos, está resultando ser una práctica que a todos los directa o indirectamente implicados nos está haciendo reflexionar incluso sobre aspectos que creíamos ya consolidados.
Siempre me ha gustado comparar la introducción de los ordenadores en las aulas con el caballo de Troya, entendido como el elemento que se introduce en un sistema “inocentemente” para provocar un cambio radical del mismo desde su interior, puesto que el “regalo” que se recibe y se introduce en los centros educativos supone un antes y un después en los pilares básicos de lo que hasta ahora hemos considerado el sistema de enseñanza convencional. El papel y la mentalidad del profesorado, la actitud del alumnado, la colaboración de los padres, la distribución física del aula, la dinámica del centro, … se ven directamente afectadas por el mero hecho de que nuestro alumnado comience a utilizar el portátil tanto como el libro y el cuaderno tradicional.
El presentarnos a la experiencia y las fechas en las que conocimos nuestra incorporación al mismo ya supusieron el inicio de una pequeña revolución. Todos conocemos las dificultades que existen en un centro público para que un elemento de este tipo afecte a la asignación del profesorado correspondiente dentro del sistema tradicional. Partiendo de la base de que “se cuenta con lo que hay”, se respetan “las normas de adjudicación” habituales y se acepta la palabra de cada uno aunque su experiencia anterior no le acompañe, a la dirección de los centros no les quedan muchas mas posibilidades que la de anunciar que determinado grupo del centro va a participar en esa experiencia y que el profesorado que coja ese grupo “sea conciente” de lo que hace. Si además, la tradición del centro supone que el alumnado no tenga un aula fija sino que transite de un aula a otra a lo largo del día en función de la asignatura que tenga, la decisión de que el aula del grupo elegido para la experiencia sea excepcionalmente fija supuso una ayuda para la organización inicial de ésta.

Empezamos
La primera semana de clase, se convocó a los padres y madres del alumnado implicado, con el objeto de que recibiesen información de primera mano de la experiencia en la que sus hijos e hijas iban a participar. Y utilizamos la expresión popular de “conejitos de india” porque nos parecía la definición más simple y acertada de la sensación que íbamos a tener a lo largo de la misma, todos y cada uno de los sectores implicados. La reacción de las familias, superadas las primeras dudas y respondidas las preguntas típicas de si iba a suponer algún problema para sus vástagos, fue la de considerar una oportunidad que se les ofrecía a sus hijos e hijas y a la que ninguno de los que acudió, 100% de los afectados, estaba dispuesto a renunciar.